domingo, 26 de agosto de 2007

Caracter Interdisciplinario de las Psicología de las Organizaciones

El presente párrafo fue extraído de una presentación efectuada por Leonardo Schvarstein.


Ya hemos visto que la psicología social de las organizaciones posee un carácter esencialmente interdisciplinario, lo cual significa que las operaciones estructuradas con este esquema conceptual, referencial y operativo (ECRO) pondrán en relación a los psicólogos con sociólogos, ingenieros, administradores, abogados, trabajadores sociales, abogados, etc. No hay ninguna disciplina que pueda arrogarse una primacía sobre las otras en términos de intervención sobre organizaciones, y cada una de ellas, desde su especificidad, contribuye a la comprensión de las otras.

El ingeniero comprende mejor a las organizaciones si entiende el punto de vista del sociólogo, el sociólogo si escucha al abogado, el abogado al psicólogo y así sucesivamente.

Ahora bien. Salvada esta cuestión interdisciplinaria desde lo epistemológico, preciso es reconocer que una operación desde la psicología social de las organizaciones se inserta en un campo configurado por un conjunto de relaciones objetivas entre posiciones históricamente definidas, estructuradas en torno a la distribución de un capital específico (económico, cultural, social, simbólico, religioso, científico, etc.) (Bourdieu, 1982).

Esto significa a su vez señalar, que en el marco de los modelos institucionales hegemónicos, la economía reina hoy día sobre las otras disciplinas y, por lo tanto, los administradores detentan una porción mayor del capital científico (o cultural según se entienda a las ciencias sociales) distribuible en el campo de las organizaciones. Cualquier tipo de intervención, sobre todo en las organizaciones con fines de lucro – pero no sólo en ellas - está sometida a la tiranía de la racionalidad económica, y la consecuencia es la entronización de los masters in business administration (MBA) en los estratos jerárquicos que poseen mayor poder de decisión.

Esta situación afecta a todo tipo de intervenciones, y en el caso del análisis organizacional tal como lo he presentado, significa resistir la presión que se ejerce desde el inicio mismo de la operación para que el concepto de eficacia quede reducido meramente al de eficiencia y vaciado de todo otro sentido.

La semántica sirve para dar cuenta de esta situación y las palabras hablan por sí mismas: las personas se transforman en "recursos" (humanos) en el mejor de los casos, "mano de obra" en el peor, y su conocimiento (expropiado) pasa a ser parte del capital intelectual de la organización.

Las consecuencias de esta situación se traducen, para quienes tienen trabajo, en grados crecientes de alienación y en la existencia de patologías sociales tales como el stress o el burnout, que son una consecuencia directa de trabajar bajo presión y con miedo a quedar excluido del sistema.

Allí aparecen generalmente los psicólogos, dentro o fuera de las organizaciones, con la misión social de "reparar" a estos enfermos para reinsertarlos en sus lugares de producción (aunque cada vez más, producto de la superabundancia de "mano de obra", es menos problemático descartar simplemente a los caídos e incorporar otros nuevos).

A este tipo de intervenciones de los psicólogos, se añaden otras más instrumentales relacionadas con la selección y el desarrollo de las personas, el favorecimiento de su compromiso y de su motivación, la aceptación y participación en procesos de cambio organizacional.

Aun desde una posición dominada, actuando para la "reparación" o para "la incorporación y desarrollo", el psicólogo obtiene su legitimidad porque posee un capital cultural (o científico ?) específico que le permite conocer el correlato interno de las vicisitudes externas por las que pasa el sujeto en la organización y operar en consecuencia.

Mi opinión consiste en que, si el psicólogo adicionara a sus conocimientos sobre los sujetos y su interacción una representación conceptual de la organización, podría incrementar su capital cultural y mejorar su posición relativa en el campo. Por más dominantes que sean ciertas posiciones (en este caso las de los administradores), las posiciones dominadas pueden siempre luchar por incrementar su poder, y para ello es necesario que aumenten su capital. Si esto se lograra, o más modestamente, si no se dejara de intentar, el psicólogo estaría en mejores condiciones de ayudar a los sujetos a marchar en la dirección de su propia salud mental.